cerveza

Uruguay tiene uno de los consumos de cerveza per cápita más bajos de todo Sudamérica, sin embargo, produjo una revolución de tendencia e identidad en los jóvenes.

En Uruguay se consumen anualmente unos 100 millones de litros de cerveza. Esta cantidad equivale a unos 30 litros por persona, que es menos de la mitad del consumo per cápita de Brasil y menos de los 41 litros que consume Argentina cada año.

Según Gustavo Rodríguez, director de idRetail, una consultora especializada en auditorías de negocios minoristas, somos el país con el consumo “más bajo per cápita” de la región. Sin embargo, Uruguay ha mostrado la tasa de crecimiento más alta en los últimos años.

Esto da esperanzas a las empresas fabricantes e importadoras debido al potencial de crecimiento. Según Rodríguez, “seguramente lo que ofició como limitante al crecimiento del consumo es lo limitado de los formatos vendidos”.

La explicación de este fenómeno está relacionada con la gran cantidad de envases de 970 cc, los llamados “familiares”, para consumo colectivo más que individual. No obstante, otras categorías, incluidas las de alimentos y bebidas, se están moviendo hacia el envasado personal, distinto a la cerveza, que todavía se basa en esta forma.

Cabe aclarar que los volúmenes que se manejaban en Uruguay eran chicos y que casi no había máquinas enlatadoras hasta hace poco y, a su vez, era costoso envasar en botellas. “Eso fue un freno importante a la expansión del volumen general, señala, porque no se captaban instancias de consumo” expresó el experto.

Hasta hace unos años no se había desarrollado el segmento de mercado diferenciado por consumidores de cerveza. “Esto empieza a esbozarse y es terreno fértil para que crezcan las artesanales” añadió. De alguna forma, para el director de idRetail, “hay una construcción de valor” desde la diferenciación del producto que era algo imprevisible hace una década: “Hace diez años, la cerveza era un commodity”.

Ahora hay consumidores más exigentes que tienen más conocimiento y más elementos de juicio para evaluar la calidad y el nivel de valor, lo que les permite gastar más dinero en productos que tienen mayores expectativas de valoración.

El límite entre lo artesanal y lo industrial

Rodríguez dijo que este es un debate inconcluso. Incluso a nivel de las empresas importadoras y productoras de cerveza de Uruguay, este tema no terminado. “De hecho, se traen cervezas importadas que tienen algún diferencial en términos de proporción de lúpulo o de densidad, las venden como artesanales y ellos mismos las llaman artesanales, cuando tienen el mismo proceso industrial que las otras”, expresó.

Para Rodríguez, existe una gran confusión en cuanto a qué es artesanal y qué no. En este contexto, pensó que sería un gran avance que “la propia industria laude eso y que de alguna forma genere información para que el consumidor tome opciones y maneje un lenguaje adecuado”.

Tendencia e identidad

La cerveza artesanal es parte de una tendencia que atraviesa a todas las categorías, llegando a los individuos con productos especializados o productos con ciertas características locales. “Pareciera que la industrialización masiva, que hizo posible la ampliación de la cobertura en el consumo de las categorías más básicas, llega a un momento de saturación y los individuos quieren, de alguna forma, reconciliarse con productos que los representen culturalmente y que hablen de su identidad local”.

Las claves de la identificación en la cerveza no son a través de los ingresos sino a través de otras variables de prestigio, que están relacionadas con la pertenencia a grupos o tribus urbanas, o en función de la existencia de una jerarquía de reclamos de gestión del conocimiento. En este sentido, lo que ocurre con la cerveza es más parecido a lo que ocurre con el vino. “Todos consumimos productos y nos gusta reflejarnos a partir de ellos” afirma.

El problema es que este status puede basarse en el éxito económico de los consumidores, una variable estratificadora por excelencia, pero en conjunto con complejidades que tienen que ver con la pretensión de mostrar conocimiento, exclusividad, entre otros.

Según Rodríguez, la cerveza “explota variables mucho más originales que el whisky en ese sentido”. Esto significa que los jóvenes de hoy están pasando por un proceso de internalización de estas distintas estratificaciones, ambiciones y estatus, en comparación con las generaciones anteriores.

Básicamente, la cerveza es un fenómeno joven, que se diferencian con los “hábitos de consumo que no son los tradicionales del alcohol. Si bien el alcoholismo es un problema serio de salud pública, pareciera que los sectores de población que se están orientando hacia la cerveza no están buscando ‘el pegue’, que sí buscan en otras bebidas como el vino y las destiladas”, dijo.

Rodríguez también reconoció que el movimiento cervecero promovió otros consumos complementarios, como el desarrollo de la comida gourmet, el auge de los food trucks, la “gourmetización” de las comidas más simples, las ferias regionales; y una especie de “sacralización del chivito y la hamburguesa”.

Por Pintadaily

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